Dra. Elizabeth Heller
Translated by Ivette Martorell Serra
Profesora Asociada Escuela de Medicina de la Universidad de Pensilvania
Becaria Postdoctoral Icahn Escuela de Medicina en Monte Sinaí
Doctorado Universidad Rockefeller
Los primeros años de vida de la Dra. Elizabeth Heller estuvieron repletos de pistas de su futura carrera. Como autodenominada “nerd”, se autoasignaba deberes de su propia creación y recuerda con cariño cómo deambulaba por el campus de la Universidad Rockefeller con su padre (que en ese momento era posdoctorado). Las primeras incursiones académicas de Liz le sirvieron mucho: ahora, como profesora asociada de farmacología en la escuela de medicina de la Universidad de Pensilvania, estudia los mecanismos de regulación de los genes en el contexto de la adicción a las drogas y de las enfermedades psiquiátricas.
Dada la temprana pasión de Liz por la ciencia, comenzó a trabajar en un laboratorio de microbiología cuando aún estaba en escuela secundaria. Descubrió que amaba el ambiente del laboratorio y decidió estudiar ciencia en la universidad, si bien no estaba segura de en qué campo se iba a centrar. En la Universidad de Pensilvania, tomó un seminario de psicología para estudiantes de primer año. Cuando llegaron a la sección de neurobiología, Liz estaba en las nubes. Al darse cuenta de que estaba más interesada en la biología y no en la psicología del cerebro, Liz decidió unirse a la recientemente creada especialización en neurociencia dentro de la carrera de biología. También se unió al laboratorio del Dr. Ted Abel, donde trabajó en la intersección entre el comportamiento y la biología molecular de la privación del sueño. Ted creó un excelente ambiente de laboratorio, en el que Liz aprendió la importancia de realizar experimentos sólidos y altamente reproducibles.
Mientras terminaba sus estudios de pregrado, Liz decidió postular a programas de doctorado para continuar sus estudios en neurociencia. Recuerda vívidamente cuando su padre llamó al teléfono fijo del laboratorio de Ted para decirle que le habían ofrecido una plaza en Rockefeller. La respuesta de Ted fue “¡Genial, ahora ya sabes dónde vas!” Aunque Liz fue aceptada en varios otros programas, el firme elogio de Ted hacia Rockefeller, su posición a la vanguardia del campo y su ubicación en Nueva York hicieron que la decisión fuera sencilla.
Una vez en Rockefeller, Liz realizó una rotación en el laboratorio del Dr. Nathaniel Heintz. Al discutir la temática de su trabajo de tesis en su laboratorio, él propuso que podría aislar poblaciones sinápticas de células glutamatérgicas en cada una de las cinco capas corticales y caracterizarlas mediante estudios proteómicos. La especificidad de la pregunta y la innovación de los métodos y herramientas atrajeron a Liz, quien le dijo a Nathaniel que “era el único proyecto en el que quería trabajar”. Sin embargo, aislar las sinapsis de esas células resultó técnicamente difícil. Generó ratones transgénicos en los que cada línea (una por capa cortical) se suponía que expresaba un receptor AMPA fusionado a GFP en las neuronas glutamatérgicas de una de las capas corticales. Sin embargo, estos receptores AMPA no se estaban moviendo hacia la sinapsis en ninguna de las líneas de ratón. Liz también había generado un ratón transgénico control con una subunidad de receptor inhibitoria marcada con GFP, y esta fusión sí se transportaba a la sinapsis. Entonces cambió su enfoque a caracterizar sinapsis inhibitorias y descubrió que dichas sinapsis expresaban principalmente proteínas estructurales, pero no moléculas de señalización.
Cuando fue el momento de buscar un postdoc, Liz esperaba poder continuar con su enfoque en las sinapsis inhibitorias, y poder quedarse en Nueva York donde estaba su comunidad. Un postdoc en su laboratorio le sugirió que mirara en el laboratorio del Dr. Eric Nestler, quien se estaba mudando de Texas a Nueva York. Liz hojeó sus publicaciones y vio que el énfasis de su laboratorio en la biología molecular y el comportamiento se alineaba perfectamente con sus intereses. Convenientemente, Eric había comenzado recientemente a centrarse en la metilación y la regulación epigenética en el cerebro, lo que requiere generar numerosas construcciones genéticas. El trabajo de doctorado de Liz, desarrollando numerosas líneas de ratón transgénicas, significaba que ella tenía amplia experiencia en construcciones genéticas, lo que la hacía la persona adecuada para esta dirección en el laboratorio de Eric. El proyecto se centraba en el epigenoma y sus efectos sobre la regulación genética en el contexto de la adicción a las drogas. Liz indujo una remodelación epigenética selectiva en el locus Fosb del núcleo accumbens y encontró que podía modificar las respuestas de los ratones a la cocaína, lo que demostró un enlace entre el estado epigenético de un gen y un fenotipo de comportamiento. Liz fue la primera en aplicar la edición epigenómica in vivo en el cerebro.
Mientras realizaba su postdoc, Liz leyó un artículo que sugería que estos cambios epigenéticos podían afectar no solo la expresión génica, sino también el corte y empalme de ARNs maduros. Esto era una idea nueva; los campos de la epigenética y del ARN habían estado profundamente separados hasta este momento. Liz quería estudiar la intersección entre el epigenoma y el empalme y decidió solicitar posiciones facultativas con esta idea en mente. Obtuvo ofertas de dos universidades y se decidió por la UPenn, su alma máter. Su laboratorio todavía estudia el empalme alternativo regulado por la cromatina, pero también se ha diversificado y, en general, investiga la remodelación epigenética que ocurre en la adicción a las drogas y en las enfermedades psiquiátricas.
Liz utiliza las lecciones que aprendió de sus mentores, así como sus propias experiencias en la ciencia, para decidir cómo guiar a sus estudiantes, poniendo un fuerte énfasis en la faceta formativa de su trabajo. Describe cómo diseña proyectos que aprovechan las fortalezas de sus estudiantes, lo que les permite prosperar temprano y desarrollar confianza en sus habilidades. También describe las medidas deliberadas que toma para fomentar el respeto y la cordialidad en el laboratorio, como concluir las reuniones preguntando cómo están sus estudiantes, con la esperanza de que se sientan valorados y cuidados. El entusiasmo, la sinceridad y la intención con que Liz aborda tanto su ciencia como su mentoría son rasgos muy claros de su historia, y no cabe duda de que estos aspectos seguirán moldeando tanto el campo de la neurociencia epigenética como las trayectorias de sus propios estudiantes.
