Dra. Isabella Wagner
Translated by Inge Guerrero
Profesora Asistente Universidad de Viena, Austria
Investigadora Postdoctoral Universidad de Viena, Austria
PhD Instituto Donderse, Universidad Radboud, Países Bajos
El recorrido de la Dra. Isabella Wagner hacia la neurociencia comenzó durante sus estudios de pregrado en la Universidad de Graz, Austria, cuando asistió a un ciclo de conferencias sobre neurociencia cognitiva. Antes de estas conferencias, se inclinaba inicialmente hacia una futura carrera en psicología clínica; sin embargo, se sintió profundamente intrigada al conocer el legado del reconocido neurocientífico Eric Kandel y sus descubrimientos sobre los mecanismos moleculares subyacentes a la memoria. Actualmente, como Profesora Asistente en la Universidad de Viena, Isabella ha orientado su trayectoria hacia el estudio de la influencia del microbioma intestinal sobre la cognición humana.
Siguiendo su interés en la neurociencia cognitiva, decidió realizar su tesis de maestría en interfaces cerebro-máquina tras culminar sus estudios de pregrado. En la Universidad de Graz se desarrollaban investigaciones pioneras sobre la interacción entre la actividad neuronal y sistemas computacionales con el fin de diseñar prótesis de alta tecnología. Graz también mantenía sólidas colaboraciones con el Centro Wadsworth del Departamento de Salud del Estado de Nueva York [EE.UU.], donde Isabella realizó una estancia de investigación para su tesis de maestría. Motivada por sus mentores en Graz y en Wadsworth, decidió dar el siguiente paso en su carrera académica y cursar un doctorado.
Durante su infancia y adolescencia, Isabella nunca imaginó obtener un doctorado; nadie en su familia había cursado estudios de posgrado y ella no había considerado la academia como una trayectoria profesional. No obstante, fortalecida por el respaldo de sus mentores, aplicó y fue aceptada en una posición doctoral en los Países Bajos, en el Instituto Donders de la Universidad Radboud. El entorno de investigación en Donders era altamente competitivo y demandante, pero Isabella logró adaptarse rápidamente. Su investigación doctoral se centró en los mecanismos del aprendizaje y la memoria. En particular, estudió la memoria en el contexto de los esquemas cognitivos. Los esquemas son marcos mentales preexistentes que facilitan la adquisición de nueva información y favorecen su retención a largo plazo. Mediante técnicas de análisis de patrones en resonancia magnética funcional (fMRI, por sus siglas en inglés), demostró que distintos componentes de los esquemas se representan en regiones neocorticales y que, durante su recuperación, estos componentes se integran en una región denominada giro angular. Asimismo, analizó la durabilidad de la memoria, identificando patrones de activación que diferencian los recuerdos que se consolidarán a largo plazo de aquellos que eventualmente se desvanecerán.
Tras finalizar su doctorado, Isabella completó un proyecto adicional en Donders enfocado en el uso de mnemotecnias, es decir, estrategias cognitivas que optimizan el rendimiento de la memoria. Una de estas técnicas es el método de loci, que consiste en recordar elementos de una lista imaginando su ubicación en distintos espacios de un entorno familiar, también conocido como el método del “palacio de la memoria”. Por ejemplo, para memorizar una lista de la compra extensa, se podría imaginar la lechuga sobre la mesa de la entrada, una botella de aceite de oliva en la cocina y un frasco de especias en la manija de la puerta del dormitorio. Al asociar cada elemento con una localización espacial, se mejora la retención de la información. Esta técnica es utilizada con notable éxito por campeones de memoria en competiciones internacionales.
Al comparar las señales de fMRI de expertos en memoria que empleaban el método de loci con las de participantes de la población general, Isabella encontró diferencias significativas: los expertos presentaban menor actividad en regiones cerebrales asociadas a la memoria. Sin embargo, tras entrenar a participantes sin experiencia en esta técnica, la actividad cerebral de estos disminuía y comenzaba a asemejarse a la de los expertos. Este hallazgo sugirió que el aprendizaje del método de loci podría incrementar la eficiencia neural en la codificación de recuerdos, requiriendo menor actividad para realizar la misma tarea mnésica. Estos resultados despertaron en Isabella un interés aún mayor por comprender los fundamentos neurales del aprendizaje y consolidaron su decisión de continuar utilizando fMRI para el estudio de la memoria.
Al considerar la siguiente etapa de su carrera, Isabella contempló la posibilidad de trasladarse a Estados Unidos, siguiendo el camino de varios colegas. Sin embargo, tras haber vivido en el extranjero durante parte de su maestría y su doctorado, deseaba permanecer cerca de su familia en Austria. Se sintió entusiasmada al ser aceptada en una posición postdoctoral de seis años en la Universidad de Viena, una oportunidad poco común por su duración. Aunque los requisitos del cargo se ajustaban a sus competencias técnicas, el laboratorio postdoctoral se enfocaba en neurociencia social en lugar de aprendizaje y memoria. A pesar de que el tema no coincidía plenamente con sus intereses, la experiencia de visitar el laboratorio fue decisiva. Como ella misma señaló: “Lo que me motivó a aceptar este puesto fue visitar el laboratorio en persona…la atmósfera me pareció extraordinaria.” Ella sabía que no podía dejar pasar un entorno de laboratorio tan excepcional, e Isabella prosperó bajo una mentoría que la apoyaba y en un ambiente feliz y colaborativo. Se le otorgó amplia libertad y autonomía en su investigación, y su mentora postdoctoral la animó a desarrollar la idea de integrar la neurociencia social con su experiencia previa en investigación sobre memoria. En particular, Isabella se interesó en explorar cómo los códigos de tipo red o rejilla en la corteza entorrinal, que han sido estudiados principalmente en el contexto de la memoria espacial y la navegación, podrían adaptarse para rastrear la posición de otras personas en el espacio. Sus investigaciones postdoctorales con fMRI respaldaron sus ideas y finalmente obtuvo su primera financiación en esta línea temática. Al concluir su postdoctorado, Isabella había demostrado que sus ideas podían ser financiadas y contaba con una sólida formación en neurociencia cognitiva, por lo que inició la búsqueda de posiciones como profesora investigadora.
En 2021, Isabella se incorporó como profesora a la Universidad de Viena, la misma institución donde realizó su postdoctorado. Aceptó un cargo como Profesora Asistente con triple adscripción en el Departamento de Psicología, el Centro de Ciencias Cognitivas de Viena y el Centro de Microbiología y Ciencias de los Sistemas Ambientales. ¿Por qué tres departamentos? Fue contratada para continuar investigando la función cognitiva desde una nueva perspectiva: centraría su trabajo en la interacción biológica entre el microbioma intestinal y la cognición humana, también conocida como el “eje intestino-cerebro”. Este enfoque interdisciplinario encuentra fundamento en las tres unidades académicas a las que pertenece. En los últimos años, Isabella ha construido su laboratorio desde sus cimientos, integrando la microbiología, un campo nuevo para ella, con su experiencia en aprendizaje y memoria. No obstante, iniciar un nuevo laboratorio implica grandes exigencias y, además de esforzarse por cumplir con los requisitos para obtener una plaza permanente de profesora titular, Isabella participa en comités y asume voluntariamente funciones administrativas en tres departamentos distintos. Aunque se muestra agradecida por las oportunidades profesionales y el entorno académico que ha encontrado en la Universidad de Viena, también habla con franqueza sobre las dificultades de desempeñar un cargo tan demandante. Isabella no es un caso aislado: cada vez más mujeres en la ciencia son convocadas a dedicar una mayor proporción de su tiempo a labores administrativas orientadas a promover la diversidad y la inclusión de género. Si bien estas responsabilidades parten de buenas intenciones, pueden resultar especialmente exigentes incluso para investigadoras en etapas tempranas de su carrera con altos niveles de productividad.
A pesar de los desafíos que implica estar en el camino hacia la titularidad, Isabella encuentra equilibrio manteniéndose activa en las montañas austríacas y concentrándose en los aspectos de su trabajo que le generan mayor satisfacción, especialmente la mentoría. “Tengo estudiantes maravillosos. Es muy gratificante”, comenta. Isabella y su talentoso equipo están desarrollando investigaciones innovadoras. Mediante la integración de fMRI, espectroscopía y secuenciación genética con evaluaciones cognitivas, el laboratorio Wagner estudia diferencias sutiles entre participantes portadores y no portadores de la variante genética APOE4, un factor de riesgo para la enfermedad de Alzheimer. Estas diferencias a nivel cerebral y conductual se vinculan con la composición del microbioma intestinal, con el fin de explorar las relaciones entre la susceptibilidad al Alzheimer, la microbiota, la genética y la cognición. El trabajo de Isabella se sitúa en la vanguardia de los enfoques integrales en neurociencia, comportamiento y longevidad. Quizás algún día, como le ocurrió a ella al conocer la obra de Eric Kandel, un estudiante escuche sobre su investigación en una clase y se sienta inspirado a seguir sus pasos.
