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Dra. Agustina Alaimo

Dra. Agustina Alaimo

 

Written by Maria Jose Olveda

Independent Investigator, National Scientific and Technical Research Council Institute (CONICET) in Argentina
Postdoctoral fellow, CONICET
PhD, University of Buenos Aires

Desde pequeña, Agustina Alaimo sabía que quería dedicarse a la ciencia. Antes de descubrir la neurociencia soñó con ser paleontóloga, luego pensó en estudiar ciencias de la atmósfera y finalmente eligió biología. Lo que nunca cambió fue la curiosidad por comprender cómo funciona la naturaleza y el deseo de responder preguntas que todavía no tenían respuesta.

Ese impulso la llevó a estudiar una licenciatura en biología. Durante sus últimos años en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, descubrió la neurobiología, gracias a su profesor de endocrinología que se convirtió en mentor, no solo la ayudó a encontrar el camino hacia una beca doctoral del CONICET; sino que también la conectó con un laboratorio que estudiaba una enfermedad poco conocida: el manganismo, un trastorno neurodegenerativo causado por la intoxicación crónica con manganeso y cuyos síntomas se parecen a los de la enfermedad de Parkinson. Mientras muchos investigadores centran su atención en las neuronas, Agustina decidió mirar hacia otro tipo celular. Su doctorado se enfocó en los astrocitos, células gliales que durante muchos años fueron consideradas simples células de soporte. Su trabajo doctoral ayudó a demostrar que el manganeso también altera profundamente a los astrocitos, activando vías de muerte celular relacionadas con la disfunción mitocondrial. Además, encontró que antioxidantes como la melatonina podían proteger a estas células cuando se administraban antes de la exposición al metal, resaltando la importancia de eventos tempranos en la neurodegeneración. Más allá de los hallazgos experimentales, esa etapa definió una manera de pensar que marcaría toda su carrera: comprender que, muchas veces, para explicar una enfermedad es necesario estudiar las células que permanecen fuera del foco principal.

Durante el doctorado también recibió un apoyo financiero para realizar estancias de la International Brain Research Organization (IBRO), que le permitió realizar estancias de investigación en Cagliari, Italia, en el laboratorio de la Dra. Micael Morelli, aprender nuevas técnicas experimentales como por ejemplo cirugías intracraneales y participar en congresos internacionales. Fue precisamente en uno de esos congresos donde ocurrió un giro inesperado. Mientras Agustina recorría la sesión de pósteres encontró un trabajo sobre degeneración macular asociado con la edad. Hasta entonces conocía bien los fotorreceptores de la retina, pero descubrió un tipo celular poco atendido: el epitelio pigmentario de la retina. Estas células forman una barrera esencial entre la circulación sanguínea y la retina neural, nutren a los fotorreceptores, reciclan componentes indispensables para la visión y mantienen el equilibrio del tejido ocular. Cuando comienzan a deteriorarse, los fotorreceptores terminan muriendo y la visión central puede perderse de forma irreversible. Aquel encuentro cambió el rumbo de su investigación.

Hoy, como investigadora independiente del CONICET en la Universidad de Buenos Aires, Agustina estudia cómo proteger el epitelio pigmentario de la retina antes de que ocurra el daño irreversible. Su laboratorio investiga compuestos bioactivos presentes en alimentos y plantas, como el resveratrol, la quercetina, la betanina, y el cannabidiol, para comprender si sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias pueden retrasar procesos neurodegenerativos. Su grupo también explora cómo viruses como el Zika utilizan estas el epitelio de la retina como puerta de entrada al ojo y evalúa si algunas de estas moléculas naturales podrían limitar la infección viral.

Aunque los modelos experimentales cambiaron del cerebro a la retina, existe un hilo conductor claro en toda su trayectoria: estudiar células que durante años recibieron menos atención de la comunidad científica, pero que resultan esenciales para mantener la salud del sistema nervioso.

Su camino, sin embargo, ha estado lejos de ser lineal. Durante su postdoctorado trabajó brevemente en esclerosis lateral amiotrófica, una etapa que coincidió con un difícil proceso personal tras recibir un diagnóstico que sugería la posibilidad de padecer esclerosis múltiple. Aunque finalmente se descartó esa enfermedad y hoy sabe que presenta un tumor benigno, esa experiencia la llevó a replantear el rumbo de su carrera y buscar un nuevo tema de investigación.

A esos desafíos personales se suman las dificultades de hacer ciencia en Argentina. La escasez de recursos, las limitaciones para adquirir equipo de laboratorio y la incertidumbre del financiamiento forman parte de la realidad cotidiana de muchos laboratorios en Argentina y América Latina. Sin embargo, Agustina destaca que estas circunstancias también han fortalecido las redes de colaboración entre investigadores, impulsando proyectos interdisciplinarios y el intercambio de infraestructura y conocimientos entre distintos grupos del país.

Otro aprendizaje importante provino de experiencias difíciles con algunos mentores. Lejos de desanimarse, estas situaciones moldearon la clase de científica y mentora que desea ser. Como directora de estudiantes, procura fomentar la independencia, escuchar nuevas ideas y crear un ambiente donde el crecimiento de las generaciones jóvenes sea motivo de orgullo y no de competencia. Mientras construye su propio laboratorio, continúa inspirándose en colegas que le han tendido la mano en momentos claves de su carrera y que representan el modelo de mentoría que espera reproducir.

Mirando atrás, resulta evidente que la trayectoria de Agustina no está definida por un único modelo experimental ni por una sola enfermedad. Está definida por una pregunta constante: ¿qué estamos pasando por alto? Desde los astrocitos hasta el epitelio pigmentario de la retina, su carrera demuestra que los grandes avances científicos muchas veces comienzan cuando alguien decide observar aquello que los demás habían ignorado.

 
Dra. Lillian Brady

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