Dra. Vanessa Coelho-Santos
Translated by Omaris Velez Acevedo
Jefa de Grupo Junior Instituto de Coimbra para Imágenes Biomédicas e Investigación Traslacional
Becaria postdoctoral Instituto de Investigación del Hospital Infantil de Seattle
PhD en Envejecimiento y Enfermedades Crónicas Universidad de Coimbra, Portugal
Al crecer en un pequeño pueblo de Portugal, la Dra. Vanessa Coelho-Santos no tuvo acceso a modelos científicos a seguir. En cambio, conoció y aprendió a apreciar la ciencia a través de los libros. Luego, gracias a un programa de escuela superior llamado Ciência Viva, tuvo la oportunidad de realizar un internado de verano en un laboratorio científico. Vanessa quedó fascinada y, desde entonces, ha sido guiada por una pasión por el aprendizaje y el descubrimiento. Hoy en día, Vanessa es Líder Junior del grupo La Caixa en el Instituto de Coimbra para Imágenes Biomédicas e Investigación Traslacional, donde estudia el desarrollo neurogliovascular.
Durante su internado en Ciência Viva, Vanessa trabajó en un hospital, en un pequeño laboratorio que investigaba las bases genéticas del cáncer. Ayudó a realizar reacciones en cadena de la polimerasa (conocido en sus siglas en inglés como PCR) en muestras de sangre de pacientes con cáncer, así como en muestras de sus familiares. Con esta información, Vanessa construyó árboles genealógicos para determinar cuán prevalente era la herencia de ciertas mutaciones relacionadas con el cáncer a través de las familias. Aunque no sentía una pasión particular por la investigación en cáncer ni por la genética, esta experiencia la llevó a una clara conclusión: le encantaba trabajar en un laboratorio de investigación.
Teniendo en cuenta su nuevo interés, Vanessa se especializó en biotecnología en el Instituto Politécnico de Coimbra. Aunque sabía que le interesaba la ciencia, aún no estaba segura de qué temas le apasionaban más. Eligió la especialización en biotecnología porque era la más amplia y, por lo tanto, le ofrecía más oportunidades para explorar diversas facetas de la ciencia. Durante sus estudios universitarios, trabajó en el laboratorio de la Dra. Cláudia Nunes dos Santos, investigando cómo los antioxidantes derivados de plantas pueden actuar como protectores en modelos celulares de neurodegeneración. Esta fue la primera exposición de Vanessa a la neurociencia y sintió la necesidad de aprender más sobre el cerebro. Solicitó al programa de maestría en Biología Celular y Molecular de la Universidad de Coimbra con la esperanza de especializarse en neurociencia.
La transición al programa de maestría fue más difícil de lo que Vanessa había imaginado. En lugar de tomar varios cursos a lo largo del semestre, como en la universidad, el programa de maestría involucraba tomar un curso nuevo cada mes, lo que le parecía un tiempo insuficiente para aprender el material. A pesar de sentirse abrumada y de luchar contra la creciente sensación del fenómeno del impostor, Vanessa perseveró, aprendiendo a balancear los cursos con su trabajo de laboratorio. Se unió al laboratorio de la Dra. Ana Paula Silva, quien se especializaba en los efectos neuroinflamatorios de los fármacos, tanto de las drogas de abuso como de los medicamentos recetados legalmente. El proyecto de maestría de Vanessa se enfocó en cómo la metanfetamina afecta a las microglias, las células inmunes innatas del cerebro. Descubrió que bajas concentraciones de dos citoquinas proinflamatorias —TNF alfa e IL-6— son protectivas contra la muerte celular inducida por la metanfetamina en una línea celular microglial.
Tras obtener su maestría, Vanessa recibió una beca que le permitió permanecer en el mismo laboratorio para continuar con su investigación. Cambió el estudio de las microglías por el de la vasculatura cerebral y fue amor a primera vista. Vanessa quedó inmediatamente fascinada por la importancia y el poder de la barrera hematoencefálica, el conjunto de propiedades únicas de la vasculatura cerebral que le permiten controlar qué sustancias pueden pasar del torrente sanguíneo al cerebro. Se dio cuenta de que era la vasculatura, situada en la interfaz entre el cerebro y la periferia, la que determinaba el microambiente cerebral. Después de un año y medio de beca, Vanessa decidió cursar un doctorado para profundizar en el estudio de los vasos sanguíneos cerebrales. Quedándose en el mismo laboratorio, comenzó un proyecto que consistía en entender los efectos de un fármaco comúnmente recetado para el trastorno de déficit de atención hiperactiva (TDAH), el metilfenidato, más conocido como Ritalin o Concerta. Utilizando un modelo de ratas con TDAH, Vanessa encontró que el medicamento tenía un efecto más perjudicial en la barrera hematoencefálica de las ratas control en comparación con las ratas espontáneamente hipertensas (el modelo de TDAH), lo que provocaba un aumento de la neuroinflamación en el grupo control. En contraste, en las ratas espontáneamente hipertensas, a la dosis adecuada, el metilfenidato mejoró el comportamiento y disminuyó la neuroinflamación. Su descubrimiento dio hincapié a la importancia de diagnosticar correctamente a los niños antes de recetarles medicamentos.
Mientras finalizaba su doctorado, Vanessa recibió una beca de la Fundación Luso-Americana que le permitió realizar un internado de seis meses en un laboratorio en Estados Unidos. Durante sus estudios doctorales, Vanessa tuvo la oportunidad de perfeccionar muchas técnicas, incluyendo el cultivo celular, el cultivo primario, el estudio del comportamiento animal y trabajar con muestras de cerebro y sangre humanas. Para ampliar sus conocimientos, quería aprender microscopía de dos fotones para observar las células vasculares y el flujo sanguíneo en tiempo real. Buscó qué laboratorios trabajaban en este campo y comenzó a enviar correos electrónicos a los investigadores principales. Algunos no respondieron, mientras que otros no se sentían seguros de tomar una decisión debido a la corta duración de la beca. Sin embargo, un investigador principal aceptó, así que empacó sus maletas y se mudó a Charleston, Carolina del Sur, para trabajar con el Dr. Andy Shih. Aunque no se sentía muy a gusto en Charleston y se le hacía difícil moverse por la ciudad sin carro, el laboratorio era completamente ideal para ella. Después de solo un mes, Andy le preguntó si le gustaría regresar a su laboratorio para realizar un posdoctorado tras terminar su doctorado. Ella aceptó la oferta con entusiasmo.
Al obtener su doctorado en Portugal, Vanessa viajó de nuevo a Estados Unidos, esta vez a Seattle, donde el laboratorio de Shih se había trasladado recientemente. Recuerda haberse reunido con Andy al comienzo de su posdoctorado. Él le preguntó: "¿Cuál es el proyecto de sueños?". Sintió que era la pregunta más importante y maravillosa que le habían hecho jamás. Le contó que quería estudiar el desarrollo neonatal de la neurovasculatura utilizando microscopía de dos fotones. No existía ningún precedente, así que Andy le dijo que podía enseñarle la técnica con ratones adultos, pero que luego dependería de ella adaptar la tecnología para estudiar a las crías. Vanessa aceptó el reto, aprendiendo trucos para trabajar con animales jóvenes e imprimiendo muchos equipos nuevos y miniaturizados en 3D. Espera que esta nueva técnica, ya publicada, les permita a ella y a otros investigadores aprender más sobre el neurodesarrollo, y en particular sobre el desarrollo de la neurovasculatura y sus células asociadas.
Desde el primer día de su posdoctorado, Vanessa estaba segura de que algún día lideraría su propio laboratorio. Inevitablemente, se preguntaba si sería capaz de lograr esta meta, pero la meta en sí permaneció constante. Mientras trabajaba en la adaptación de la microscopía de dos fotones para cerebros neonatales, le preguntó a Andy si podía comenzar algunos proyectos paralelos en los que pudiese mentorear a técnicos de laboratorio. Disfrutó de esta experiencia de mentoría y se sintió empoderada por ella, sintiéndose más segura de que estaba en el camino profesional correcto. Al acercarse al final de su proyecto en el laboratorio de Shih, Vanessa comenzó a solicitar becas que le permitieran iniciar su propio grupo de investigación en Portugal. Tras recibir la beca La Caixa Líder Junior Postdoctoral, comenzó su aventura como investigadora independiente en el Instituto de Coimbra para Imágenes Biomédicas e Investigación Traslacional.
En su laboratorio, Vanessa quiere utilizar las herramientas que desarrolló en Seattle y otras tecnologías de imagen para investigar los eventos celulares y moleculares que rigen la formación de la unidad neurogliovascular durante el desarrollo neonatal, así como cómo las enfermedades o las lesiones pueden afectar este proceso. Le interesa particularmente el acoplamiento neurovascular, es decir, los procesos que provocan un aumento del flujo sanguíneo local tras la actividad neuronal. Sin duda, al presenciar la pasión de Vanessa por la neurovasculatura, sus futuros estudiantes también se enamorarán de los vasos sanguíneos del cerebro y del poder que ejercen para controlar lo que sucede en el interior del cerebro.
