Dra. Karen Szumlinski
Translated by Ivette Martorell Serra
Profesora Universidad de California, Santa Bárbara
Investigadora postdoctoral Universidad Médica de Carolina del Sur
Doctorado en Neurociencia y Neurofarmacología en el Colegio de Medicina de Albania
Master Universidad McMaster
Cruzar tu camino con personas que luchan contra la adicción puede inspirar líneas de investigación profundamente significativas. Este es el caso de la Dra. Karen Szumlinski, una profesora de ciencias psicológicas y cerebrales en la UC Santa Bárbara.
La trayectoria profesional de Karen ha estado profundamente influida por sus experiencias personales. Inspirada por su trabajo como voluntaria con niños autistas durante el bachillerato, Karen decidió convertirse en pediatra especializada en necesidades especiales, con un enfoque en los trastornos del desarrollo y el autismo. Como estudiante universitaria de medicina en la Universidad McMaster en Ontario, Canadá, Karen empezó a tomar cursos sobre neurociencia y comportamiento. Al mismo tiempo, empezó a salir con una persona que estaba en recuperación de un trastorno por consumo de sustancias. Cuando su pareja sufrió una recaída, ella presenció lo abrumadora que puede ser la adicción, tanto para quien la padece como para quienes cuidan de esa persona. Durante el año que estuvieron juntos, las calificaciones de Karem comenzaron a verse afectadas. Si bien logró recuperar sus notas y volver a centrarse en sus estudios una vez la relación terminó, la experiencia permaneció con Karen, moldeando la trayectoria de su futura investigación.
Karen empezó a establecer vínculos entre sus observaciones de primera mano de comportamientos repetitivos asociados al consumo de sustancias (en concreto, el peyote) y ciertos comportamientos que ella había observado en niños con autismo. Consultó a uno de sus profesores para preguntarle si existía alguna conexión. Él confirmó que sí la había: la serotonina. Impresionado con sus observaciones y su marcada curiosidad intelectual, el profesor invitó a Karen a incorporarse a su laboratorio y desde el momento en que ella empezó, quedó cautivada. Comprendió que una carrera en investigación biomédica le permitiría formular y responder sus propias preguntas fundamentales con la esperanza de realizar descubrimientos que pudieran ayudar a personas como su expareja. Con el deseo de realizar un doctorado en neurociencia de la adicción, Karen aplicó a tres universidades canadienses que eran sedes de investigadores líderes en el campo de la adicción. Sin embargo, no fue admitida en ninguno de estos programas. En su lugar, después de graduarse de McMaster, se convirtió en una estudiante de máster en el laboratorio de su apreciado profesor de farmacología del comportamiento, el Dr. Henry Szechtman, quien estaba especializado en la sensibilización conductual en un modelo de esquizofrenia, decidida a demostrar su capacidad para sobresalir en los estudios de posgrado.
El interés de Karen por estudiar neurociencia de la adicción la llevó al Colegio de Medicina de Albania, en Nueva York, para una entrevista de doctorado. Esta fue la primera vez que experimentó que un entrevistador se tomara su tiempo para entender su historia como persona e investigadora, incluida la razón por la que sus calificaciones fluctuaron durante la universidad. Finalmente, fue aceptada y decidió cursar su doctorado en este programa porque era evidente que les importaba de verdad el desarrollo de sus estudiantes como científicos.
Para su doctorado, Karen se unió al laboratorio del Dr. Stanley Glick. Su investigación se centró en explorar cómo la ibogaína, un fármaco psicoactivo con propiedades psicodélicas, podía utilizarse para tratar la adicción. Ella hipotetizó que la ibogaína podía revertir la sensibilización del sistema dopaminérgico que ocurre con el uso repetitivo de sustancias de abuso. Karen descubrió que la ibogaína, así como compuestos relacionados, reducía la expresión de la sensibilización dopaminérgica, lo que podría hacer que estas drogas fueran menos reforzadoras. Para ayudarla a llevar a cabo estos extensos estudios conductuales, Karen tomó la iniciativa de reclutar estudiantes de pregrado de la Universidad Estatal de Nueva York Albania para unirse a su proyecto. Gracias a su perseverancia, curiosidad y la productividad del equipo de estudiantes, Karen completó su doctorado en tres años, con 15 publicaciones a su nombre.
Para su investigación postdoctoral, Karen quería volver a Canadá inicialmente. Sin embargo, debido a los cambios en el panorama de la investigación y a la disminución del financiamiento científico en Canadá en ese momento, esto no fue una opción. En su lugar, realizó un postdoctorado con el Dr. Peter Kalivas en la Universidad de Medicina de Carolina del Sur. Después de años estudiando la dopamina y la adicción, Karen se sintió inspirada por el Dr. Kalivas a explorar mecanismos alternativos involucrados en la adicción. Él le dijo que si la dopamina fuera el único neurotransmisor involucrado en la adicción, ya “habríamos resuelto la adicción”. Como aún quedaban muchas preguntas sin respuesta, era momento de examinar cómo otros sistemas de neurotransmisores importantes podían contribuir al deseo y la búsqueda de drogas. Esto llevó a Karen al glutamato, el principal neurotransmisor excitatorio del cerebro. La actividad glutamatérgica proveniente de la corteza frontal facilita el aprendizaje, la atención, la toma de decisiones y la evaluación de recompensas. Karen planteó la hipótesis de que la expresión de receptores de glutamato en regiones cerebrales relacionadas con la recompensa, la emoción y la memoria podría influir en la conducta de búsqueda de drogas. De hecho, descubrió que, en respuesta al consumo de drogas, las proteínas Homer—importantes para mantener los receptores de glutamato en su lugar dentro de las neuronas—modifican su afinidad por dichos receptores. Además, encontró que cuando el gen que codifica la proteína Homer2 es eliminado, la sensibilidad tanto a la cocaína como al alcohol aumenta. Karen permaneció cuatro años en el laboratorio de Kalivas con el apoyo de una beca postdoctoral canadiense. Afortunadamente, el Dr. Kalivas fue muy alentador para que Karen tomara su proyecto sobre las proteínas Homer y la adicción como base para iniciar su propio laboratorio, por lo que comenzó a solicitar puestos como profesora.
Inicialmente, le tomó un poco de tiempo encontrar una posición que encajara con las necesidades profesionales tanto de ella como de su prometido, el neurocientífico Dr. Tod Kippin. Esto es un problema común que las parejas de científicos tienen que afrontar — el “problema de los dos cuerpos”. Afortunadamente, la UC de Santa Bárbara tenía dos plazas disponibles que encajaban bien. En marzo de 2005, se mudaron y empezaron juntos sus carreras como profesores. Karen bromea con cariño sobre ser “la mamá y el papá científicos” de sus estudiantes co-mentoreados. Cuando Karen y Tod finalmente se casaron y tuvieron hijos propios, como una de las seis parejas en el departamento, se sintieron afortunados de formar parte de una comunidad excepcionalmente pro-familia.
Ahora, siendo Profesora Titular en el Departamento de Ciencias Psicológicas y Cerebrales de UC Santa Bárbara, Karen continúa estudiando cómo la exposición crónica a drogas de abuso, en particular estimulantes psicomotores y alcohol, influye bioquímicamente en el cerebro y la conducta. Sigue estudiando el papel de la señalización glutamatérgica en la adicción, pero también ha ampliado el trabajo de su laboratorio para explorar otros trastornos neuropsiquiátricos asociados a la adicción, como la psicosis y la depresión.
Defensora de lo que llama “la barra de equilibrio entre el trabajo y la vida”, Karen cree que no existe un equilibrio perfecto entre ambos; en cualquier momento, uno puede dominar al otro. Cuando el trabajo no domina, Karen entrena el equipo de baloncesto de sus hijos, los lleva a sus diversas actividades y disfruta de su tiempo con sus perros (tiene cuatro). Encuentra descanso y relajación viendo baloncesto, compartiendo una buena comida o explorando Disneyland.
Como investigadora principal, Karen ha adoptado la misma filosofía que le permitió seguir una carrera científica desde el principio. Selecciona a sus estudiantes en función de su interés personal y su capacidad de formular preguntas reflexivas más que por sus calificaciones. También procura apoyar a sus estudiantes de la manera en que su programa de doctorado la apoyó a ella, dedicando tiempo y esfuerzo a comprender las experiencias y necesidades de sus aprendices. Esta filosofía no ha pasado desapercibida en su comunidad; su laboratorio es altamente solicitado, con 50 estudiantes en lista de espera para unirse. Esto demuestra que la ciencia impactante, acompañada de una mentoría cuidadosa, es una combinación ganadora.
