Dra. Francesca Sargolini
Translated by Maria Jose Olvera
Cuando la Dra. Francesca Sargolini era joven, sentía un gran cariño por las hormigas. Cada vez que veía una fila de hormigas avanzando por el suelo, colocaba un obstáculo en su camino y observaba cómo recalculaban su ruta. Este interés por el comportamiento animal, y en especial por la actividad cerebral que lo sustenta, ha sido su fuerza motriz en la carrera de Francesca. Hoy es profesora en el Laboratorio de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de Aix-Marsella, en Francia, donde dirige un equipo que trabaja para descubrir las bases neuronales de la cognición espacial.
Profesora Universidad de Aix-Marsella
Investigadora Postdoctoral Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología
PhD Universidad Sapienza
Desde pequeña, a Francesca le encantaba aprender y tenía intereses muy variados, incluyendo un gusto por las lenguas antiguas. Sin embargo, influida por su fascinación de años con el comportamiento animal, decidió estudiar biología como licenciatura en la Universidad Sapienza de Roma. Al principio, su sueño era convertirse en etóloga, es decir, en una científica dedicada al estudio del comportamiento animal. Le interesaba particularmente cómo surgen comportamientos complejos a partir de interacciones más pequeñas entre individuos: ¿cómo llegan a existir las reglas globales de comportamiento? No obstante, al conversar sobre estas ideas con sus profesores y compañeros, comenzó a formarse en su mente una nueva meta: quería estudiar no solo el comportamiento en sí, sino también los procesos cerebrales que lo sustentan.
Encontrar un laboratorio donde pudiera hacer investigación en neurociencia conductual resultó complicado, ya que la mayor parte del trabajo en su universidad se centraba más en procesos celulares y moleculares. Sin embargo, encontró un pequeño grupo que estudiaba las influencias farmacológicas sobre el comportamiento espacial y comenzó a trabajar en una maestría. En concreto, Francesca investigó qué papel podrían desempeñar estructuras subcorticales, como los núcleos de los ganglios basales, en la navegación espacial. Se involucró tanto en el proyecto que continuó hacia un doctorado en el mismo laboratorio. Aunque encontraba la investigación estimulante, en ocasiones los recursos escaseaban, y el espacio era un problema particular. En un momento dado, frustrada por no poder conseguir suficiente tiempo en la sala de comportamiento, Francesca ideó una solución: colocó un letrero de "fuera de servicio" en uno de los baños del edificio y lo acondicionó para sus experimentos conductuales. Es posible que algunos de sus colegas se hayan preguntado por qué ese baño tardó varios meses en repararse, pero mientras tanto Francesca recolectaba datos valiosos sin interrupciones.
Durante su doctorado, Francesca quiso ampliar su perspectiva ganando experiencia en el extranjero, por lo que realizó gran parte de sus experimentos en el laboratorio de un colaborador en Toulouse, Francia. En su trabajo de doctorado, se propuso diferenciar los roles de dos tipos de receptores de glutamato (AMPA y NMDA) en el núcleo accumbens durante la consolidación de la memoria. Entrenó ratones en una tarea de memoria espacial y luego les inyectó antagonistas de AMPA o de NMDA en el núcleo accumbens después del entrenamiento (durante la fase de consolidación de la memoria). Descubrió que bloquear los receptores NMDA, pero no los AMPA, en el núcleo accumbens durante la consolidación reducía la retención de la memoria espacial. Así, su trabajo no solo ayudó a confirmar la importancia del núcleo accumbens en el procesamiento de la memoria, sino que también esclareció los receptores particulares involucrados.
Hacia el final de su doctorado, Francesca se dio cuenta de que, aunque amaba las preguntas científicas que se planteaba, quería explorar otros métodos además de la farmacología para responderlas. Esperaba encontrar una posición posdoctoral donde pudiera aprender electrofisiología y "escuchar" a las neuronas comunicándose en tiempo real. Cuando encontró un anuncio de trabajo para una posición posdoctoral en el laboratorio de Edvard y May-Britt Moser, en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, pensó que podría encajar muy bien. Los Moser no eran famosos en ese entonces, pero Francesca reconoció sus nombres porque había leído sobre una nueva versión, basada en el olfato, del laberinto acuático de Morris que ellos habían desarrollado. Se postuló, le ofrecieron el puesto y se fue a Noruega, sin darse cuenta de que estaba a punto de formar parte de un descubrimiento científico histórico.
Cuando Francesca comenzó su posdoctorado con los Moser, el grupo ya había empezado a definir lo que finalmente se conocería como las "células de red" (grid cells), células de la corteza entorrinal que forman un mapa topográfico y con orientación direccional del entorno espacial del animal. Mientras que el trabajo inicial sobre estas células se había hecho en las capas superficiales de la corteza entorrinal, Francesca se interesó en caracterizar las células de red en las capas más profundas. Descubrió que, si bien la capa II estaba compuesta principalmente por células de red, las capas más profundas contenían tanto células de red como células de dirección de la cabeza, además de células que respondían tanto a la posición como a la dirección. Además, encontró que la velocidad de desplazamiento modulaba la actividad de estos tipos celulares. Así, su trabajo contribuyó a entender mejor cómo un animal podría actualizar su representación de las coordenadas espaciales mientras navega su entorno. En 2014, los Moser ganaron el Premio Nobel por su descubrimiento de las células de red, y el trabajo de Francesca es citado como una de las publicaciones clave que respaldan este descubrimiento revolucionario en el campo de la navegación espacial.
Al terminar su posdoctorado en Noruega, Francesca tenía claro que quería continuar en el camino académico. Tenía amigos que se habían ido a trabajar a la industria, pero no podía imaginarse cediendo el control total de la dirección de su investigación a los intereses de una empresa. Así que se postuló para posiciones independientes y recibió una oferta de la Universidad de Aix-Marsella. Francesca estaba emocionada de comenzar a formar su propio grupo, pero había otra fuente importante de entusiasmo relacionada con la oferta: el sol. Había encontrado los inviernos oscuros de Noruega particularmente duros, incluso con la lámpara de luz solar que los Moser le habían regalado. De hecho, estaba tan feliz con la oferta que se quedó demasiado tiempo en la playa de Marsella ¡y perdió su vuelo de regreso a Noruega!
La oferta de trabajo era para una plaza de profesora asistente, que en Francia conlleva un requisito demandante de 192 horas de docencia. Ese primer año, estaba abrumada por la enseñanza y casi no tenía tiempo para dedicarse a lo que realmente quería hacer: investigar. Llegó a pensar que quizás se había equivocado al convertirse en profesora. Incluso cuando tenía tiempo para investigar, se sentía avergonzada por su lento progreso. Durante ese primer año, no logró registrar una sola célula de red, ya que estaba adaptándose al nuevo sistema de grabación y a sus distintos componentes. Sin embargo, con el tiempo y la paciencia, Francesca encontró su ritmo. El laboratorio comenzó a producir datos y ella llegó a disfrutar cada vez más el aspecto docente de su trabajo. Actualmente es directora del programa de maestría en Aix-Marsella y encuentra una gran satisfacción en ver a sus estudiantes crecer como científicos y avanzar hacia futuros prometedores.
Al mirar hacia su propio futuro, Francesca tiene algo muy claro: quiere hacer más investigación y lidiar con menos burocracia. Por eso está planeando dar un paso atrás en su rol oficial como líder del grupo, permitiendo que un investigador principal más joven asuma ese título. Con menos carga administrativa, Francesca está entusiasmada por dedicar más tiempo práctico en su laboratorio, incluyendo la investigación de una pregunta que ha estado formándose en su mente durante muchos años: ¿puede una rata calcular la distancia lineal hasta un objeto y luego inferir una nueva trayectoria hacia ese mismo objeto a través de un camino circular, en lugar de uno directo? En cierto modo, Francesca sigue haciéndose las mismas preguntas que la han motivado desde que era niña y observaba a las hormigas recalcular sus trayectorias espaciales. Ahora, sin embargo, cuenta con una carrera llena de experiencia y conocimiento para abordar esta pregunta y cualquier otra que se le ocurra.
